Cómo escoger a tus socios

Cómo escoger a tus socios

Cómo escoger a tus socios 1024 536 user

El 75% de las empresas en Méxicofracasan en el primer año. Claro que hay múltiples causas racionales de fracaso como la falta de estrategia, de fondos, de enfoque, de validación, etcétera que iremos cubriendo a lo largo de esta serie. Sin embargo, de lo que he observado en mis diez años de estar en los ecosistemas mexicano, peruano, colombiano, americano y europeo, creo que todas las anteriores se resumen a escoger mal a tus socios. No creo que se deba culpar a una persona del grupo en particular. Creo que cualquier persona comprometida y con visión puede brillar con el o los socios correctos. Considero que es un problema de combinación y de cantidad, no de las personas en específico.

Primer error: diferentes niveles de experiencia y/o habilidad

Tus socios deben ser personas independientes y hábiles en las que puedas confiar alguna o varias de las actividades clavede tu empresa. Asociarte con alguien sólo por que estaba en la peda contigo cuando se te ocurrió la idea, por que es arquitecto y te contó una necesidad que no puede resolver y tú sí porque eres programador o sólo por que es tu bffcheerleaderpersonal son la receta para tener que inventarte puestos en la empresa como Director de Ideas Vicepresidente de Motivación y Soporte Emocional. Escoge personas que tengan intereses y conocimiento claves para cumplir tu propuesta de valor. Si tienes una empresa de logística, consíguete un genio de las cadenas de suministro. Si eres de moda, consíguete una diseñadora brillante o por lo menos alguien con buen gusto y conocimiento de las últimas tendencias. Si tiene capacidades que tú no tienes, mejor aún.

Así te ven los inversionistas cuando acabas de aprender qué es el product market fit y llegas con tu socio que saluda de güey a los VCs (si es de nalgada, más bien estás con un gigolo ejecutivo)

En esta vida no hay genios, sólo gente en diferente etapa de su desarrollo personal y profesional que tú. No te compares, ni te deslumbres.Si es tu primera empresa es buena idea tener a alguien que ya tiene tres empresas como consejero, pero como socio puede llevar a muchas peleas y frustraciones. Si ya vendiste una y quieres repetir porque ya te volviste masoquista o emprendedicto[stop trying to make fetch happen!], no te asocies con un morro en tercer semestre de mecatrónica sólo porque hizo un dron y lo más cerca que has estado de un robot fue en el Papaloteen los ochentas. Vas a terminar siendo más su niñera y su papá que su compañero de lágrimas cuando te dicen que tu modelo de negocio no tiene pies ni cabeza.

Busca alguien que te complemente, con el que puedas aprender cosas juntos y que pueda ver tus puntos ciegos. El superar retos juntos hará que la relación se fortalezca. Recuerda quetoda relación es una relación de poder y es mejor cuando están balanceados. Si hay cosas que no saben, busquen cursos, vayan a pláticas o consíganse un buen board of advisors — un grupo de personas experimentadas y generosas con su tiempo que les den consejo respecto a decisiones clave de la empresa. Si ya estás más del lado madurito, qué mejor que tener un cómplice que sepa ejecutar su rol y puedas confiar en que lo hará bien para concentrarte en hacer lo mismo con el tuyo.

Segundo error: alguien con quien tienes un lazo emocional

No falta el Javisness que quiere poner su gasolinera VIP con sus cuatro papilords para después darse cuenta que llevan cuatro meses sin terminar el MVPporque hicieron tres torneos de Mario Kart consecutivos seguidos por cuatro días de peda porque estaban haciendo una lluvia de ideas y piensan mejor con una cuba en la mano. Hacer empresas con tus amigos, lejos de ser friendship goals es tremendamente improductivo. Además que es difícil decir la verdad porque temes lastimar su corazoncito, o peor aún, sabes tanto de ellos que puedes usar tus palabras como rayo láser de destrucción apocalíptica después de semanas de desvelo y presión por los compromisos con los clientes y perder por completo el punto de la discusión.

Hay mucha gente en MeetupLinkedInque tiene una visión o idea similar a la tuya, así como habilidades complementarias y experiencia equivalente a la que posees con la que puedes formar el dream team sin perder la objetividad porquerer mantener la relación antes que el negocio. Hacer una empresa es como un matrimonio arreglado: puedes hacer un súper berrinche porque la oficina está en la Nápoles en vez de la Condesa, pero aún así tienen que dormir juntos — o en este caso, sentarse en una junta con el cliente y mantener la cordialidad y una sonrisa. Puedes contactar distintas personas y beber unos cuantos cafés o cervezas hasta que encuentres el mejor fit para tu visióny su ejecución y que al mismo tiempo se alinee con la del otro.

Como dijo Saint-Exupéry sabiamente del amor — y parafraseo respecto al emprendimiento — “asociarse no es mirarse el uno al otro, sino buscar juntos el mismo product-market fit”.

Tercer error: falta de inteligencia emocional

He conocido gente brillante, elocuente, comprometida, con experiencia, fuck, ¡hasta guapa! y todo mundo se pregunta ¿por qué han fracasado todas sus startups si es tan genial? Después haces zoom a su vida diaria y te das cuenta que salen de peda en lunes, tienen una novia mediocre que los humilla en público y les escribe cada cinco minutos por WhatsApp, se levantan a la una de la tarde, no terminan nada de lo que empiezan y tienen un miedo terrible a delegar. ¿Por qué la gente se auto-destruye? Generalmente, falta de autoestima por una infancia terrible, una pareja destructiva o un ecosistema hostil: el famoso síndrome del impostor.

El síndrome del impostor es cuando a pesar de todos tus logros profesionales, los elogios de tus colegas y tu éxito económico nunca crees ser suficiente. Con frecuencia, atribuyes todo a un golpe de suerte y estás esperando el momento en que todos se den cuenta de la porquería de persona que eres en realidad.

En mi caso, mis papás esperaban que yo estuviera en el cuadro de honor cada mes y mi papá me golpeaba en el cuarto de lavado cuando quedaba en segundo lugar. Mi mamá me decía que siempre pensara en las consecuencias antes de actuar. Lloraba en la salida de la escuela cuando tardaba más de quince minutos en llegar porque pensaba que le había pasado algo. Siempre me sentí diferente por no cumplir con los estereotipos masculinos: me gustaba leer en vez de jugar fútbol y prefería la moda a los autos. Las niñas de la escuela me veían como un gran amigo, pero no como alguien a quien quisieran besar. Mi papá era alcohólico y golpeaba a mi mamá cuando ella lo acusaba de ser infiel y le decía que se fuera de la casa. Mentía compulsivamente para que me aceptaran aunque obviamente todos se daban cuenta. Como podrán imaginarse en una adolescencia tan caótica, desarrollé un miedo terrible a perder el control. Tenía procesos repetitivos en todo lo que hacía para que siempre saliera igual. Decía salud y gracias cinco veces en mi mente cada que alguien estornudaba y creía que con eso Dios — sí, alguna vez fui católico — no me iba a quitar a mi mamáporque seguía sus reglas con religiosa exactitud. Nunca me fumé un porro o me tomé un trago en esa época porque temía no poder dirigir mi cuerpo a casa o decir tonterías.

Cuando a los 14 años fundé Crabapps, la primera editorial digital en el mundo hispanoparlante, proyecté toda esa mierda en mis habilidades directivas. No delegaba nadaporque consideraba a los demás incapaces de hacer las cosas exactamente como yo quería y consideraba mejor. No dejé que contrataran otros ingenieros por miedo a que dejaran de creer que era especialy me sacaran de la empresa. Me inventaba procesos innecesarios para que creyeran que lo hacía era súper complicado y no perder el control de la empresa por la falta de entendimiento de mis socios y abusé de su confianzaen mi.

Peor aún, a los dieciséis fundé Green Light Innovation — una empresa de investigación en análisis de transporte — con mi mejor amigo y su papá. Al mismo tiempo me conseguí una novia increíble, pero igual de dañadaque yo. Me la vivía preocupado porque pensaba que se iba a acostar con el primer tipo guapo que le cruzara enfrente porque obviamente pensaba que no me la merecíay estaba prácticamente loca por andar con alguien como yo. Le escribía mensajes todo el tiempo para ver si estaba bien y si no me contestaba una llamada asumía que ya la habían secuestrado los talibanesy se la habían llevado a un campo de esclavos en Omán donde la estaban comerciando por trescientos camellos a un jeque. Llegué al punto de hackear su iCloudpara ver donde estaba todo el tiempo con el GPS del teléfono que yo mismo le regalé. En pocas palabras, estaba bien pinche enfermoy por supuesto todo esto me distraía de dirigir el equipo de cinco personas que me contrataron para empezar. Todo el tiempo me la pasaba leyendo tutoriales o viendo YouTube porque nunca sentía que sabía lo suficientepara hacer mi trabajo diario, aunque fueran cosas que podía hacer con los ojos cerrados y una mano atada a la espalda. Me salía a media tarde de la oficina a procrastinar con cualquier estupidez con el pretexto de que era parte de mi proceso creativo.

Un 7 de junio del 2013 me encontré a mi mismo llorando en un Starbucks desesperado por saber todo lo que tenía que hacer y aún así, no poder decirle a mi cabeza que dejara de hacer estupidecese hiciera lo que sabía que era correcto. Decidí citar a mi novia de ese entonces en un Vips y terminar con ella, le dije a mis socios que necesitaba tiempo para arreglar mi vida y me metí a un grupo de Codependientes Anónimos. Ahí aprendí que no era el únicoque había hecho todas las locuras que hice y que podía cambiar mi vida. Me fui a vivir a Perú y fundé otra empresa con dos socias increíbles y empecé a dar clases de desarrollo de appsa gente desde 12 a 76 años. Poco a poco fui dejando mis patrones enfermos, aunque sigo teniendo recaídas de vez en cuando ante estímulos familiares. La ventaja es que ahora soy conscientede cuándo me estoy boicoteando y puedo revertirlo. Tengo una novia hermosa y brillante en la que confíoy un grupo de socios geniales que hacen de mis cinco empresas un espacio donde puedo dar lo mejor de mí.

Los procrastinadores somos adictos a la gratificación a corto plazo porque es algo que podemos controlar, a diferencia de las metas a largo plazo donde tenemos que mantener la motivación y vivir con la ansiedad de poder fallar o no saber qué hacer una vez que tengamos éxito.

Digo esto con dos propósitos: 1) que sepan que no son los únicosy que se puede vivir mejor si uno decide cambiar — y que nadie nos va a venir a rescatar, es algo que tenemos que hacer solos. Nunca pidan perdón por lo que son, trabajen por ser 1% mejores cada día y no se castiguen por sus fracasos. Levántense una y otra vez hasta que lo logren. Cada quien está demasiado ocupado con su vida, nadie de va a dar cuenta o se les va a olvidar después de un año. ¿Te acuerdas lo que te preocupaba hace 5 años?

Los detractores sólo son gente con miedo a los que nuestra luz les recuerda su oscuridad.

2) Que sepan que todo mundo vive una batalla personal y que aunque por fuera la gente parezca tener una vida perfecta, por dentro puede estar viviendo un infierno y no hay que juzgar. Refuercen su inteligencia emocional con libros como el de Daniel Goleman o el de Brené Brown y si reconocen a alguien con una historia como la que acabo de mencionar, regálenle con una sonrisa y con el cuidado que tendrían acariciando un erizo bebé, este libro de Melody Beattie.

Cuarto error: demasiados socios o diferencia de visiones

Maluma mantiene una sociedad exitosa donde son felices los 4. Sin embargo, tener más de 3 socios puede dañar más que fortalecer a la empresa ya que la diferencia de visiones puede retrasar la toma de decisiones.

Cada persona tiene un modelo del universo en su cabeza que guía sus palabras y decisiones todos los días. Cuando conoces a otra persona, buscas entender su visión del mundo y compartirle la tuya para ver si son compatibles o, en el mejor de los casos, si juntos pueden formar una mejor. Este proceso toma mucho alcohol y saliva — en el caso amistoso en la boca de cada uno y en el romántico, en la del otro.

Tener tres socios implica que uno va a tener que tomar la decisión final y eso es mucha presión. Si dos tienen una conexión más fuerte entre ellos que cada uno con el tercero, puede desbalancear seriamente el reparto de poder. En algunos casos, dos pueden por fin estar de acuerdo, cuando llega el tercero de vacaciones y decide ser la manzana de la discordia.

Por eso creo que el Modelo Maluma® es el mejor. Si sólo son dos socios, no hay un abogado del diablo o alguien que balancee una disputa. Si son tres, la resolución de esa disputa depende de una persona. En cambio, cuando son cuatro hay 3 contra 1 en cada decisión. En el caso de que sean 2 contra 2, pueden probar dos opciones diferentes como equipos individuales y compararlas hasta llegar a una resolución. Si uno sale al extranjero o a juntas, la empresa sigue teniendo quorum para decidir. Además, si todos son hábiles en su área y responsables, la ejecución puede ser muy efectiva y eficiente.

Cualquier número por arriba de 4 multiplica los problemas de todas las anteriores. Además, los inversionistas comienzan a cuestionar si todos tienen una participación relevante. En el peor de los casos, los roles se repiten y hay que inventarse puestos. Además, unificar 5 visiones o más es increíblemente complicado.

Receta para el socio perfecto

El socio perfecto tiene la misma visión que nosotros, pero habilidades complementarias
  1. Comparte nuestra pasión por el problema
  2. Tiene habilidades que nosotros no
  3. Tiene una visión similar del producto o servicio
  4. Tiene contactos relevantes para la empresa
  5. Puede aportar capital intelectual, laboral o monetario
  6. Tiene el mismo nivel de experiencia
  7. Tiene madurez emocional
  8. Podemos confiar en él
  9. Dice lo que piensa sin temor a lastimarnos
  10. Sabe escuchar sin tomarlo personal

Mis socios en Piktia han sabido mantener la empresa a flote con todo y mis mudanzas y tengo la confianza en que pueden llevar la operación sin mi opiniónmientras yo me concentro en la tecnología. Mis socios en Quantum me apoyan en todo lo personal y profesional para que pueda dedicarme a la inteligencia artificial, que es clave para el producto. En Quark, mi socio Santiago ha demostrado ser increíblemente maduro y capaz a pesar de sus 19 años y Diego es profundamente comprometido y dedicado. En Oli, mis socias aportan parejo a todoy nadie dice que no a ninguna tarea aunque no tenga nada que ver con su puesto con tal de apoyar al progreso de la empresa. Aunque he tenido un carrera profesional larga e integral para mi edad, mis empresas son exitosas gracias a que puedo confiar en mis socios y han sabido verse como parte de algo más grande que ellosy sacrificar cosas pequeñas para hacer espacio a nuestra visión común.